Tiene siete años y es más valiente que Indiana Jones en la primera parte de la saga, ésa en la que tiene que lidiar con serpientes supervenenosas-que-te-cagas. Quizá sea porque el chaval es australiano, o quizá porque a esa edad un cocodrilo es un animalito inofensivo de la misma familia de los perros falderos. El caso es que el niño no dudó en saltar la valla de protección del centro de reptiles de Alice Springs (Australia) para dar de comer a Terry, un hambriento cocodrilo que le miraba con ojos de querer.
Eso sí, no creáis que el niño le dio un trozo de pan duro como a las palomas, no. Pensó que el reptil necesitaba más calorías y por ello cogió un pedrusco, liquidó a unos cuantos lagartos y se los dio al cocodrilo de agua salada de más de tres metros de largo. De postre le ofreció también la delicatessen del menú: unoas decenas de animalitos vivos que el reptil saboreó. El niño, que según las leyes de este estado australiano no puede ser procesado al ser menor de diez años, acabó con la vida de animales exóticos valorados en un total de 5.500 dólares, algunos de los cuales muy difíciles de reemplazar.
“Parecía que estaba jugando”, dijo el director del zoo, que explicó que según las imágenes de las cámaras de seguridad, el niño estaba sonriente y con la mirada perdida. Según las primeras pesquisas, los sensores de movimiento no detectaron al niño porque era demasiado pequeño, y así pudo penetrar en la jaula saltando una valla trasera que no estaba vigilada.
